Adicción a las redes sociales

Adicción a las redes sociales

Muchos padres acuden a consulta preocupados por el intensivo uso que sus hijos le dan al móvil y, concretamente,  a aplicaciones como el WhatsApp, Facebook, Instagram o Musically. Nos comentan que lo que empezó como un entretenimiento, se ha convertido en una lucha continua. Que sus hijos están todo el día conectados y que, a pesar de los castigos, no hacen otra cosa.

Ciertamente, el uso de las redes sociales puede llegar a provocar adicción. Esto es, una conducta descontrolada, que continúa a pesar de las consecuencias negativas y que puede generar mucha tensión si se priva de ellas. Además, da la sensación de que la conducta se vuelve central en la vida del individuo y que se haya perdido el interés por cualquier otra actividad. En el caso concreto de las redes sociales hay que sumar que éstas están cada vez más accesibles y disponibles: todos tenemos en nuestra casa un móvil o una Tablet y podemos acceder a las redes en cualquier momento. Añadámosle el anonimato que ofrecen (puedes crear cuantos perfiles quieras) y el placer que supone que te den “me gusta” a tus publicaciones (chute de dopaminas y endorfinas para el cerebro).

Los síntomas que pueden estar relacionados con una adicción son muy variados: la privación de sueño (llevarse el móvil o la Tablet a la habitación al acostarse), descenso en el rendimiento escolar, irritabilidad o agresividad cuando se impide el acceso o incluso cuando no hay buena señal (puro “mono” tecnológico), aislamiento (familiar y/o social), intentar limitar el tiempo de conexión sin éxito o mentiras sobre su uso. En cuanto a la autoestima, diversos estudios han investigado la relación entre las conductas adictivas y una baja autoestima. Algunos de ellos concluyen que la relación es de causalidad y otros, que es consecuencia. Es decir, a causa de dejar tu autoestima en manos de los “me gusta” de gente que no conoces y a través del aislamiento que provoca la adicción, desarrollas baja autoestima o, por el contrario, como consecuencia de una baja autoestima, una persona puede refugiarse en las redes sociales y encontrar una rápida vía de escape y crear un mundo paralelo dónde hay listas de amigos y ligas más porque te cortas menos. Sea como fuere antes, el huevo o la gallina, lo cierto es que se relacionan mutuamente y se crea un circulo viciosos que se retroalimenta y que se hace necesario romper.

Haciendo caso al refranero popular que dice que “prevenir es mejor que curar”, pasemos a ver una serie de puntos que sería importante tener en cuenta para evitar que las redes sociales se conviertan en una adicción (para nuestros hijos o incluso para nosotros mismos). Lo primero es el uso que le damos; está claro que las redes han venido para quedarse así que lo mejor es aprender a utilizarlas adecuadamente, por ejemplo, como herramienta educativa, intercambio de información, conexión con otras personas… Otro aspecto importante a tener en cuenta es el grado de importancia o centralidad que las redes ocupan en nuestra vida, ¿cómo de presentes tenemos el móvil o la Tablet?, ¿cómo interfiere en tu vida cotidiana el uso de las redes sociales?, ¿te levantas y te acuestas con el móvil?, ¿te llaman la atención porque estas todo el día conectado?, ¿qué ocurre cuando no tenemos buena conexión? Contestar estas preguntas puede darnos una pista sobre si estamos utilizando las redes correctamente. Por último, un punto complementario con el anterior es no dejar de lado las actividades propias de la vida cotidiana. Con esto nos referimos a estudiar, hacer deporte, pasar tiempo con la familia o salir con los amigos. Esto es fundamental para evitar caer en la adicción a las redes.

 

En cuanto al tratamiento, a diferencia de otras adicciones, donde el objetivo es el consumo cero, en el caso de las redes sociales, el objetivo de la terapia va encaminado al uso controlado. Para tal fin, dependiendo del caso, en sesión se puede trabajar, entre otros, los siguientes puntos:

  • Establecimiento de normas o límites claros y concretos sobre el uso de las redes
  • Mejora de la comunicación y de las relaciones familiares
  • Manejo de emociones
  • Evaluación de los recursos disponibles para vencer la adicción
  • Recuperación o incorporación de conductas incompatibles con la adicción
  • Fomento de otras actividades (deportes, lectura, cine…) y el contacto con otras personas (amigos, familiares…).

En el centro Limis trabajamos tanto a nivel individual como a nivel familiar para ayudar al usuario en función de sus necesidades y sus objetivos. No dudes en contactar con nosotros si nos necesitas.

 

Fdo. Santiago Galán



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